Incendio de la cumbre de Gran Canaria. Las imprudencias se pagan

Fuente:BENY AGUIAR

Está claro que somos humanos y cometemos errores y el incendio que devastó parte de la cumbre de Gran Canaria se debió a una imprudencia que la justicia valorará en su justa medida porque el daño de esa imprudencia está todavía por evaluar, pero, por lo visto, será muy alto.

Las gentes que viven en las medianías y cumbres saben y tienen conciencia de que los veranos son muy calurosos y que en julio y agosto las temperaturas siempre están rozando los treinta grados y que los años de poca lluvia como este, que desde enero no llueve a conciencia, el campo se convierte en una bomba de relojería que explota cuando las condiciones, poca humedad, calor y viento, se alinean.

El hombre que cometió esa imprudencia es un hombre de campo y, como tal, tenía que tener conciencia de lo que estaba haciendo y dónde lo estaba haciendo. No me valen las opiniones de que le podía haber ocurrido a cualquiera, no, a cualquiera no, porque muchas gentes del campo saben que no se pueden hacer determinadas actividades en verano y al aire libre porque el riesgo de incendio es altísimo y las consecuencias imprevisibles.

Cuando vives en la cumbre tienes que ser consciente de que vives en un territorio frágil, que hay determinadas actividades que están prohibidas en verano y que tienes que evitar realizarlas, no porque lo digan las autoridades, sino por sentido común.

Un incendio como el de Gran Canaria es impredecible y puede afectar ya no solo a matorral y pinares, sino a las poblaciones, como ha ocurrido en esta ocasión.

Muchas gentes del campo son conscientes del territorio en el que viven y del peligro de los incendios y toman las debidas precauciones, manteniendo limpios los alrededores de sus casas de matorrales y rastrojos, incluso implementando medidas contra incendios como aspersores o mangueras de alta presión.

Sin embargo, otros no hacen nada y dejan que las hierbas campen a sus anchas en los alrededores de sus casas, como si el fuego no fuera con ellos y después vienen las desgracias y los llantos; el fuego es un monstruo que no tiene límites y si le ponemos una alfombra roja, correrá por ella que es un gusto.

Por esta razón, una vez controlado, no extinguido, el incendio de la cumbre de Gran Canaria hay que hacer una reflexión sobre lo ocurrido y tomar todas las medidas que está en nuestra mano, para que los incendios nos afecten lo menos posible, sobre todo a las poblaciones de las cumbres, medidas básicas que pueden salvar lo que más queremos.

Si quieres leer más entradas mias entra en mi perfil: @moises-moran.